Implicados encrimen de Jovenel Moise se reunieron en hotel de Santo Domingo; entre ellos el primer ministro

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El reclutamiento de los asesinos La empresa desde la que se habría organizado el magnicidio es CTU, con sede en Miami. Esta habría designado al capitán Germán Rivera y al sargento Duverney Capador para reclutar a los mercenarios. Ellos dos acudieron a sus contactos con tres empresas colombianas reconocidas por haber enviado a militares retirados a prestar servicios de seguridad en Oriente Medio. Noticias Caracol se abstiene de revelar los nombres de estas empresas para no entorpecer la investigación en Colombia, pero la unidad investigativa rastreó los movimientos financieros de una de estas compañías, y encontró movimientos por casi 700 millones de pesos, inusuales para sus negocios normales, durante los dos meses previos al magnicidio. Los investigadores también le siguen el rastro a una multinacional británica, uno de los jugadores más grandes del mundo en el mercado de los servicios de seguridad y a sus representantes en Colombia por su papel en el reclutamiento. Entre Capador, Rivera y estas empresas habrían contactado al menos a 200 militares retirados en Colombia para ofrecerles un trabajo en el Caribe. Por diferentes razones, la mayoría rechazó la propuesta. En mayo, los reclutadores ya habían logrado armar su escuadrón de 21 retirados entre oficiales, suboficiales y soldados, la mayoría de ellos con entrenamientos de lanceros y fuerzas especiales. Estos fueron los que viajaron a Haití. Y de este grupo solo siete conocían el verdadero objetivo de la misión hasta ese momento: secuestrar al presidente Moise. El día del asesinato del presidente El 6 de mayo, dos meses antes del magnicidio, la operación se puso en marcha. El sargento Duverney Capador, los hermanos Germán y Jonathan Rivera y un amigo de ellos, el piloto y policía retirado Ronald Ramírez, salieron del aeropuerto El Dorado hacia Ciudad de Panamá, en el vuelo CM877 de Copa Airlines. Noticias Caracol conoció en exclusiva imágenes que prueban su tránsito por el aeropuerto Tocumen de la capital panameña, donde abordaron el vuelo CM107 con destino a Santo Domingo, la capital de República Dominicana. De acuerdo con los testimonios de los hermanos Rivera, ese mismo día, el grupo se encontró en Santo Domingo con un diplomático haitiano de apellido Askard, el mismo que habría estado en la reunión de Miami, seis meses atrás, donde se empezó a planear el magnicidio. El funcionario se encargó de gestionar rápidamente las visas para entrar a Haití de estos cuatro colombianos. Cuatro días después, esta avanzada de los mercenarios colombianos vuela hacia Puerto Príncipe. En la capital haitiana se encuentran con el médico Christian Sanon, uno de los conspiradores ya capturados. Se alojan en una casa en el sur de la ciudad, muy cerca a la embajada de Alemania, y también en inmediaciones de la residencia del presidente. En este punto, de acuerdo con las declaraciones de los hermanos Rivera, habrían ocurrido varias reuniones con miembros del Tribunal Supremo de Justicia de Haití y políticos del más alto nivel, entre ellos el exsenador y hoy fugitivo John Joel Joseph, a quien los colombianos conocían como ‘triple j’. De acuerdo a las declaraciones, el encuentro más relevante fue con el primer ministro Claude Joseph. Los hermanos Rivera les dijeron a los investigadores que el primer ministro les informó del nuevo plan: ya no secuestrarían al presidente. Debían asesinarlo. Según los testimonios, les aseguró que él sería el nuevo presidente y que, desde ese cargo les aseguraría protección y trabajo. Por eso, creen las autoridades, los mercenarios no tenían un plan de escape. Ese cambio de objetivo causó una pelea entre los hermanos Rivera: Jonathan y el piloto Ronald Ramírez decidieron regresar a Colombia. La misión siguió adelante sin ellos. El 4 junio, los 19 exmilitares restantes abordaron en Bogotá el vuelo 0252 de Avianca hacia Santo Domingo. Dos días después, pasaron por tierra, a través del puesto fronterizo carrizal a Haití. Solo siete de ellos conocían la verdadera misión. Para los demás, la tarea consistía en brindar seguridad al Gobierno. Durante cuatro semanas ajustaron los detalles finales de la misión. El 7 de julio, después de siete meses de planeación, la operación fue ejecutada. El grupo llegó a la casa del presidente. Los siete colombianos, acompañados de tres policías haitianos, entraron y asesinaron al mandatario. Ellos habrían sido Carlos Guerrero, Mauricio Romero, Duverney Capador, Juan Carlos Yepes, Manuel Grosso, Neil Durán y Naiser franco.
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El reclutamiento de los asesinos  La empresa desde la que se habría organizado el magnicidio es CTU, con sede en Miami. Esta habría designado al capitán Germán Rivera y al sargento Duverney Capador para reclutar a los mercenarios.  Ellos dos acudieron a sus contactos con tres empresas colombianas reconocidas por haber enviado a militares retirados a prestar servicios de seguridad en Oriente Medio.  Noticias Caracol se abstiene de revelar los nombres de estas empresas para no entorpecer la investigación en Colombia, pero la unidad investigativa rastreó los movimientos financieros de una de estas compañías, y encontró movimientos por casi 700 millones de pesos, inusuales para sus negocios normales, durante los dos meses previos al magnicidio.  Los investigadores también le siguen el rastro a una multinacional británica, uno de los jugadores más grandes del mundo en el mercado de los servicios de seguridad y a sus representantes en Colombia por su papel en el reclutamiento.  Entre Capador, Rivera y estas empresas habrían contactado al menos a 200 militares retirados en Colombia para ofrecerles un trabajo en el Caribe.  Por diferentes razones, la mayoría rechazó la propuesta.  En mayo, los reclutadores ya habían logrado armar su escuadrón de 21 retirados entre oficiales, suboficiales y soldados, la mayoría de ellos con entrenamientos de lanceros y fuerzas especiales.  Estos fueron los que viajaron a Haití. Y de este grupo solo siete conocían el verdadero objetivo de la misión hasta ese momento: secuestrar al presidente Moise.  El día del asesinato del presidente  El 6 de mayo, dos meses antes del magnicidio, la operación se puso en marcha. El sargento Duverney Capador, los hermanos Germán y Jonathan Rivera y un amigo de ellos, el piloto y policía retirado Ronald Ramírez, salieron del aeropuerto El Dorado hacia Ciudad de Panamá, en el vuelo CM877 de Copa Airlines.  Noticias Caracol conoció en exclusiva imágenes que prueban su tránsito por el aeropuerto Tocumen de la capital panameña, donde abordaron el vuelo CM107 con destino a Santo Domingo, la capital de República Dominicana.  De acuerdo con los testimonios de los hermanos Rivera, ese mismo día, el grupo se encontró en Santo Domingo con un diplomático haitiano de apellido Askard, el mismo que habría estado en la reunión de Miami, seis meses atrás, donde se empezó a planear el magnicidio. El funcionario se encargó de gestionar rápidamente las visas para entrar a Haití de estos cuatro colombianos.  Cuatro días después, esta avanzada de los mercenarios colombianos vuela hacia Puerto Príncipe.  En la capital haitiana se encuentran con el médico Christian Sanon, uno de los conspiradores ya capturados. Se alojan en una casa en el sur de la ciudad, muy cerca a la embajada de Alemania, y también en inmediaciones de la residencia del presidente.  En este punto, de acuerdo con las declaraciones de los hermanos Rivera, habrían ocurrido varias reuniones con miembros del Tribunal Supremo de Justicia de Haití y políticos del más alto nivel, entre ellos el exsenador y hoy fugitivo John Joel Joseph, a quien los colombianos conocían como ‘triple j’. De acuerdo a las declaraciones, el encuentro más relevante fue con el primer ministro Claude Joseph.  Los hermanos Rivera les dijeron a los investigadores que el primer ministro les informó del nuevo plan: ya no secuestrarían al presidente. Debían asesinarlo.  Según los testimonios, les aseguró que él sería el nuevo presidente y que, desde ese cargo les aseguraría protección y trabajo. Por eso, creen las autoridades, los mercenarios no tenían un plan de escape.  Ese cambio de objetivo causó una pelea entre los hermanos Rivera: Jonathan y el piloto Ronald Ramírez decidieron regresar a Colombia. La misión siguió adelante sin ellos.  El 4 junio, los 19 exmilitares restantes abordaron en Bogotá el vuelo 0252 de Avianca hacia Santo Domingo. Dos días después, pasaron por tierra, a través del puesto fronterizo carrizal a Haití.  Solo siete de ellos conocían la verdadera misión. Para los demás, la tarea consistía en brindar seguridad al Gobierno.  Durante cuatro semanas ajustaron los detalles finales de la misión. El 7 de julio, después de siete meses de planeación, la operación fue ejecutada.  El grupo llegó a la casa del presidente.  Los siete colombianos, acompañados de tres policías haitianos, entraron y asesinaron al mandatario. Ellos habrían sido Carlos Guerrero, Mauricio Romero, Duverney Capador, Juan Carlos Yepes, Manuel Grosso, Neil Durán y Naiser franco.

Bogotá.- Según informes de las autoridades haitianas y los investigadores del FBI consideran al primer ministro como la figura máxima detrás del magnicidio del presidente de Haití Jovenel Moise, junto al médico Sanon y a John Joel Joseph, un exsenador haitiano, hoy prófugo de la justicia.

El asesinato de Jovenel Moise comenzó a planearse en noviembre de 2020 en el edificio de la sede de CTU Security en Miami. Allí estuvieron reunidos el venezolano Antonio Intriago, dueño de la empresa, el gerente colombiano Arcángel Pretel, el haitiano-estadounidense James Solages, un diplomático haitiano de apellido Askard, el médico haitiano ya capturado, Christian Sanon, y el colombiano Jonathan Rivera García.

Los participantes del encuentro en Miami planearon desde ese momento secuestrar al presidente Jovenel Moise para tomarse el poder y dejar como presidente a Claude Joseph, el actual primer ministro de Haití.

Entre las pruebas conocidas por la unidad investigativa de Noticias Caracol , hay llamadas telefónicas y fotos de reuniones que vinculan al primer ministro con los mercenarios colombianos.

Los investigadores tienen claro el papel que habría jugado cada uno de los partícipes de la conspiración.

Tras la reunión en Miami, el colombiano Pretel y en especial el haitiano James Solages volvieron a buscar a Jonathan Rivera, quien había estado en la reunión, y quien los llevó hacia su hermano, el capitán retirado del ejército Germán Rivera, y hacia el sargento retirado Duverney Capador.

El presidente haitiano reitera que solo se irá cuando termine su mandato
HAI01. PUERTO PRÍNCIPE (HAITÍ), 15/10/2019.- El presidente haitiano Jovenel Moise, habla ante la prens en los jardínes del Palacio Nacional en Puerto Príncipe (Haití).
Naciones Unidas cerró este martes oficialmente su misión de paz en Haití y lo hizo preocupada por la grave crisis que atraviesa el país, con protestas violentas para exigir la salida del presidente Moise. EFE/Orlando Barría

Ellos tres se convertirían en los enlaces claves con los mercenarios colombianos y el primer ministro. Y sus destinos terminaron muy distinto: Jonathan no estuvo en la operación y se convirtió en un testigo de excepción en este caso, mientras que su hermano Germán terminó capturado en Haití y capador murió en la residencia del presidente, a manos de las autoridades haitianas.

Los investigadores documentaron que, entre noviembre y mayo, Solages sostuvo comunicación telefónica constante desde Miami con Capador y los hermanos Rivera. Entre sus contactos telefónicos aparece otro hombre clave en este caso para las autoridades: el abogado y líder político haitiano Phenil Gordon, que, según los investigadores, participó de la consecución de las armas para el comando de mercenarios.

Reunión en Santo Domingo

El asesinato del presidente Jovenel Moïse, perpetrado el pasado 7 de julio, fue planificado por los supuestos autores del magnicidio en una reunión en un hotel de Santo Domingo, informó este miércoles la Policía de Haití.

El director general de la Policía, Léon Charles, presentó ante la prensa una fotografía de la reunión en la que los supuestos cerebros del magnicidio y los responsables financieros del presunto entramado internacional planificaron la operación.

‘Todos los elementos que planificaron, ejecutaron el asesinato se reunieron en el hotel de Santo Domingo’, dijo Charles.

En la reunión de Santo Domingo, según la Policía, participaron además de Sanon, otras cinco personas, entre ellas el venezolano Antonio Emmanuel Intriago Valera, director de la empresa CTU Security, sospechosa de contratar a los mercenarios colombianos que habrían perpetrado el ataque.

También estaban en la cita Walter Veintemilla, responsable de la consultora Worldwide Capital Lending Group, señalada como la compañía que financió la operación.

Además estaban el exsenador John Joël Joseph, en busca y captura; el alcalde de Jacmel (sur), Marky Kessa, y James Solages, detenido junto a los mercenarios colombianos y sospechoso de ser el enlace con CTU Security.

El reclutamiento de los asesinos

La empresa desde la que se habría organizado el magnicidio es CTU, con sede en Miami. Esta habría designado al capitán Germán Rivera y al sargento Duverney Capador para reclutar a los mercenarios.

Ellos dos acudieron a sus contactos con tres empresas colombianas reconocidas por haber enviado a militares retirados a prestar servicios de seguridad en Oriente Medio.

Noticias Caracol se abstiene de revelar los nombres de estas empresas para no entorpecer la investigación en Colombia, pero la unidad investigativa rastreó los movimientos financieros de una de estas compañías, y encontró movimientos por casi 700 millones de pesos, inusuales para sus negocios normales, durante los dos meses previos al magnicidio.

Los investigadores también le siguen el rastro a una multinacional británica, uno de los jugadores más grandes del mundo en el mercado de los servicios de seguridad y a sus representantes en Colombia por su papel en el reclutamiento.

Entre Capador, Rivera y estas empresas habrían contactado al menos a 200 militares retirados en Colombia para ofrecerles un trabajo en el Caribe.

Por diferentes razones, la mayoría rechazó la propuesta.

En mayo, los reclutadores ya habían logrado armar su escuadrón de 21 retirados entre oficiales, suboficiales y soldados, la mayoría de ellos con entrenamientos de lanceros y fuerzas especiales.

Estos fueron los que viajaron a Haití. Y de este grupo solo siete conocían el verdadero objetivo de la misión hasta ese momento: secuestrar al presidente Moise.

El día del asesinato del presidente

El 6 de mayo, dos meses antes del magnicidio, la operación se puso en marcha. El sargento Duverney Capador, los hermanos Germán y Jonathan Rivera y un amigo de ellos, el piloto y policía retirado Ronald Ramírez, salieron del aeropuerto El Dorado hacia Ciudad de Panamá, en el vuelo CM877 de Copa Airlines.

Noticias Caracol conoció en exclusiva imágenes que prueban su tránsito por el aeropuerto Tocumen de la capital panameña, donde abordaron el vuelo CM107 con destino a Santo Domingo, la capital de República Dominicana.

De acuerdo con los testimonios de los hermanos Rivera, ese mismo día, el grupo se encontró en Santo Domingo con un diplomático haitiano de apellido Askard, el mismo que habría estado en la reunión de Miami, seis meses atrás, donde se empezó a planear el magnicidio. El funcionario se encargó de gestionar rápidamente las visas para entrar a Haití de estos cuatro colombianos.

Cuatro días después, esta avanzada de los mercenarios colombianos vuela hacia Puerto Príncipe.

En la capital haitiana se encuentran con el médico Christian Sanon, uno de los conspiradores ya capturados. Se alojan en una casa en el sur de la ciudad, muy cerca a la embajada de Alemania, y también en inmediaciones de la residencia del presidente.

En este punto, de acuerdo con las declaraciones de los hermanos Rivera, habrían ocurrido varias reuniones con miembros del Tribunal Supremo de Justicia de Haití y políticos del más alto nivel, entre ellos el exsenador y hoy fugitivo John Joel Joseph, a quien los colombianos conocían como ‘triple j’. De acuerdo a las declaraciones, el encuentro más relevante fue con el primer ministro Claude Joseph.

Los hermanos Rivera les dijeron a los investigadores que el primer ministro les informó del nuevo plan: ya no secuestrarían al presidente. Debían asesinarlo.

Según los testimonios, les aseguró que él sería el nuevo presidente y que, desde ese cargo les aseguraría protección y trabajo. Por eso, creen las autoridades, los mercenarios no tenían un plan de escape.

Ese cambio de objetivo causó una pelea entre los hermanos Rivera: Jonathan y el piloto Ronald Ramírez decidieron regresar a Colombia. La misión siguió adelante sin ellos.

El 4 junio, los 19 exmilitares restantes abordaron en Bogotá el vuelo 0252 de Avianca hacia Santo Domingo. Dos días después, pasaron por tierra, a través del puesto fronterizo carrizal a Haití.

Solo siete de ellos conocían la verdadera misión. Para los demás, la tarea consistía en brindar seguridad al Gobierno.

Durante cuatro semanas ajustaron los detalles finales de la misión. El 7 de julio, después de siete meses de planeación, la operación fue ejecutada.

El grupo llegó a la casa del presidente.

Los siete colombianos, acompañados de tres policías haitianos, entraron y asesinaron al mandatario. Ellos habrían sido Carlos Guerrero, Mauricio Romero, Duverney Capador, Juan Carlos Yepes, Manuel Grosso, Neil Durán y Naiser franco.

Balance de detenidos

Por el momento, 23 personas han sido arrestadas, incluyendo 18 colombianos y cinco haitiano-estadounidenses, mientras que tres colombianos fallecieron en tiroteos con la Policía.

La Policía también ha aplicado medidas cautelares contra 24 agentes y responsables de las unidades de seguridad responsables por proteger a Moïse, cuatro de los cuales están en aislamiento.

ÓRDENES DE BÚSQUEDA

La Justicia ha emitido cuatro órdenes de búsqueda y captura contra cuatro haitianos más que, según confirmó hoy Charles, están implicados en el caso.

Entre ellos, figura el exsenador John Joël Joseph, sospechoso de ser el tesorero del grupo y de coordinar encuentros con los mercenarios, entre otras tareas, como el alquiler de vehículos y el pago de materiales.

Otro de los implicados es Joseph Felix Badio, exfuncionario de la Unidad Anticorrupción del Gobierno, que es señalado como el coordinador de la operación en el terreno y de la logística.

En concreto, la Policía le acusa de haber alquilado una casa cerca de la casa del presidente, usada en la operación, y de haber falsificado placas de vehículos y de los logotipos de la DEA supuestamente usados por el comando.

Rodolphe Jaar, condenado en 2015 en Estados Unidos por narcotráfico, también es apuntado como coordinador de la operación y, supuestamente, alojó a los mercenarios tres días antes del asesinato.

El empresario Gordon Phenil Desir, también en búsqueda y captura, está acusado de coordinar encuentros entre los mercenarios y de encargarse del alquiler de vehículos y del pago de materiales.

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