Sobre Aeropuerto de Bávaro: Respuesta al señor Juan Lladó

Por Domingo Abreu Collado

El 16 de agosto pasado apareció en un medio un artículo que -por referirse tan despectivamente a los ambientalistas- debió ser respondido por todos los ambientalistas, pero también por los hidrólogos e incluso por la gente que sabe de aeropuertos. Y le hace tal afectación a las ciencias que hasta algunos cientistas debieron referirse a éste, al menos para que nadie incursione de forma tan peregrina en un tema que exige tanta delicadeza, como lo es el tema del agua en el futuro de la República Dominicana. Me refiero al artículo titulado “Resbalón de la honradez ambiental”, del señor Juan Lladó.

Y debo comenzar por mencionar la ciencia. La ciencia, Sr. Lladó, es el resumen de las experiencias, de las propias y de las ajenas. “Es el conjunto de conocimientos objetivos y verificables sobre una materia determinada que son obtenidos mediante la observación y la experimentación…etc.” Y cuando hablamos de Ecología hablamos de una ciencia todavía en construcción aprovechando los errores de otros para evitar repetirlos, y los aciertos de otros para emularlos.

Por otro lado, en la Economía que no aplica las ciencias, es donde más errores se cometen, en la supuesta búsqueda de crecimiento y bienestar económico, no de la población, sino de minúsculos grupos para quienes la ciencia y la tecnología no son más que instrumentos de enriquecimiento, aún se sacrifique el agua, el mayor bien visible de todos los reinos de la Naturaleza.

Pero “aterricemos” en un aeropuerto que no debe ser –que es su tema y defensa en cuestión– tomando como dije las experiencias ajenas para en nuestro caso construir aciertos: el proyectado aeropuerto de Bávaro, el turismo, y las experiencias de situaciones similares en otras latitudes. Mallorca, por ejemplo.

Palma de Mallorca es la isla mayor del grupo de las Islas Baleares, de España, que si la comparamos con la provincia La Altagracia podremos notar que Mallorca mide 3,640 kilómetros cuadrados, mientras que nuestra provincia La Altagracia mide 3,010 kilómetros cuadrados, es decir, 630 km menos que el tamaño de Mallorca. Sin embargo, Mallorca no ha necesitado más que un sólo aeropuerto para recibir en tiempos actuales hasta 25 millones de visitantes al año, muy distante del mayor número de visitantes que ha recibido la República Dominicana en un año: 6.4 millones.

El aeropuerto de Mallorca “Es el tercer aeropuerto en importancia de España por volumen de pasajeros y el más rentable del país, siendo solo superado en tráfico por el Aeropuerto de Madrid-Barajas en Madrid y el Aeropuerto de Barcelona-El Prat en Barcelona”. (Wikipedia, ver “Aeropuerto de Palma de Mallorca”).
En términos de volumen en la actualidad podemos citar lo que aparece también en Wikipedia: “El aeropuerto ahora consta de cuatro módulos: Módulo A (la antigua Terminal A), Módulo B (la antigua Terminal B), Módulo C y el Módulo D (los dos últimos eran completamente nuevos conjuntos de edificios y puertas que se abrían, junto con la nueva terminal central y zona de registro en 1997). El aeropuerto puede manejar 25 millones de pasajeros al año, con una capacidad para despachar 12,000 pasajeros por hora”.

Es decir, que la cuestión del crecimiento económico o de la lucha contra la pobreza en la provincia La Altagracia no radica en el número de aeropuertos construidos, sino de la experiencia acumulada en términos de manejo del negocio del transporte aéreo turístico, y la aplicación de la experiencia en términos del uso de los espacios: los espacios para alojamientos y los espacios para la protección del bien natural. Pero, ¿cómo lograron en Palma de Mallorca llegar a este número de visitantes con un sólo aeropuerto? Esa es una pregunta que deberían contestar las personas que se manejan y escriben sobre turismo en la República Dominicana, pero que adolecen de algunas informaciones que les vendrían bien disponer a la hora de opinar.

Por la parte ambiental -y como no he estado en Palma de Mallorca- he de aprovecharme de lo escrito en un largo texto que sobre las Islas Baleares hicieron sus obispos: Teodor Úbeda, Antonio Deig y Manuel Ureña, en 1990, más que preocupados por la situación ambiental de dichas Islas. El texto se titula “Carta de los Obispos de las Islas Baleares”. Naturalmente, solo citaré algunos párrafos, pero quien quiera enterarse de la situación ambiental de las Islas Baleares por la fecha de dicha Carta (1990), sólo tiene que acceder a ella por cualquiera de los medios de Internet.

“Queridos cristianos y mujeres y hombres de buena voluntad de las Islas Mallorca, Menorca y Pitiusas.

“En esta Carta de Pascua queremos hablaros de dos temas importantes y urgentes para nuestras islas: la Ecología y el Turismo. Dos temas en los cuales nos jugamos el presente y el futuro de nuestros pueblos y de nuestra tierra. Lo hacemos hoy, día de Pascua, la más grande de las fiestas cristianas, conmemorando la Resurrección de Cristo que queremos redescubrir y hacer presente en el mundo como fuente de vida para las personas y para la naturaleza”.

“Bien conscientes de que no somos técnicos en estas materias, tan sólo queremos ofrecer una contribución más a cuanto ya se dice y se hace desde los distintos campos sobre esta cuestión tan importante, después de consultar a grupos y personas de Iglesia, además de entidades, políticos, especialistas y pensadores cuya colaboración agradecemos de corazón”.

“Desde la convicción de que éste no es un problema meramente técnico, sino sobre todo humano y ético, queremos aportar una contribución muy específica de nuestro ministerio episcopal: la iluminación de nuestra realidad desde la fe en Jesucristo y la sugerencia de las actuaciones coherentes con esta visión creyente”.

“Ecología quiere decir, literalmente, tratado, estudio o reflexión sobre “la casa” (Oikos). Efectivamente, la naturaleza -todo lo que existe y se diferencia del hombre y la mujer- es “la casa” de la humanidad. Por eso al hablar de Ecología no podemos restringir su significado. Es Ecología la luz, el agua, la tierra, la vida vegetal y animal, los grandes espacios del planeta hasta sus últimos límites y el universo entero, pero también la ciudad, el pueblo, las calles, los lugares de convivencia, el piso o el apartamento; y también el patrimonio cultural, artístico, histórico de cada uno y de cada comunidad”.

“En la realidad de esta nuestra casa –en la Ecología– se centrará principalmente nuestra reflexión. Y si tratamos el turismo y los fenómenos urbanísticos que lo caracterizan, es por su incidencia directa en la conservación o destrucción de nuestro marco natural”.
“Esta reflexión, motivada por la actualidad y la urgencia del problema ecológico en todo el mundo y en particular en nuestras islas, está especialmente inspirada por las palabras de Juan Pablo II en el mensaje por la Paz del 1ro. de enero de este año (1990). Como él aconseja hacer a toda la Iglesia, nosotros, Obispos de las Islas Baleares, también queremos contribuir a la educación de la responsabilidad ecológica”.

Esa es la entrada a un texto de 48 páginas, toda una larga carta que ayudó enormemente a movilizar conciencias en las Baleares y en España para controlar el crecimiento desmedido de construcciones que estaban causando grandes daños, principalmente en Palma de Mallorca, esa que es un poquito más grande que la provincia de La Altagracia, pero que no ha necesitado más que un solo aeropuerto para recibir 25 millones de visitantes por año y previendo 26 millones para cualquier año que siga.

Muy similar con la geología de Higüey, en Palma de Mallorca también hay ríos subterráneos que han debido ser protegidos, y para ello lo primero ha sido clasificarlos en sistemas y subsistemas: Sistema Acuífero 76: Sierra Norte; Sistema Acuífero 77: Depresión Central; Subsistema 77-A: Llano de Palma; Subsistema 77-B: Inca-La Puebla; Subsistema 77-C: La Marineta; Subsistema 77-D: Lluchmayor-Campos; Sistema Acuífero 78: Sierra de Levante.

En la provincia La Altagracia, “ni Higüey ni su Virgen de la Altagracia” (parodiando al tipo) han sido sistematizados sus acuíferos, al menos no como lo ha sido en Mallorca. Y probablemente fue previendo los daños en esos acuíferos que en esa isla, la mayor de las Baleares, no se construyeran más aeropuertos, sino que se aplicaran tecnologías apropiadas para manejarse con un sólo aeropuerto, repito, para manejar 25 millones de visitantes, de personas, de seres humanos, hombres y mujeres. Pero según “las afirmaciones de marras” (parodiando al tipo) en defensa de otro aeropuerto para La Altagracia, Higüey necesita más aeropuertos para manejar…¿ cuántos? ¿4 millones de turistas?

Un trabajo realizado por el Instituto Geológico y Minero de España titulado “Programa Nacional de Gestión y Conservación de los Acuíferos – Calidad de las Aguas Subterráneas en la Isla de Mallorca (1981)”, concluía de la siguiente manera:

“Se puede concluir como resumen de todo lo anterior, que el mayor peligro para la calidad del agua de Mallorca lo constituye la sobreexplotación de los acuíferos costeros, por lo que es imposible deslindar los conceptos de cantidad y calidad, siendo totalmente necesaria la aportación de nuevos recursos hídricos a los sistemas deficitarios, para poder hacer frente con cierta tranquilidad a un aumento de las demandas o a un ciclo climático adverso”.

Pero además de las previsiones tomadas sobre los acuíferos de Palma de Mallorca, también están las previsiones en torno a los sistemas de cavernas existentes, como la Cueva del Drach y otras muchas, puesto que se trata de una geología muy similar a la de Higüey, donde también existen cavernas no solamente con importantes recursos de agua, sino también con importantes conjuntos de arte rupestre prehistórico, como ya reportamos en ocasiones anteriores.

Según el Sr. Lladó, los ambientalistas debemos “tomar en cuenta que una tercera parte de la población dominicana vive por debajo de la línea de la pobreza”; ¿en serio? ¿Y cómo es esto posible? ¿Cómo es que la industria turística no ha resuelto eso y no nos ha sacado a todos de la pobreza? Pues sepa el señor articulista que mientras haya inversionistas que se aprovechen de la corrupción oficial que vende permisos ambientales; mientras haya propaganda vendiendo falsas ideas de progreso; mientras se sacrifiquen acuíferos y bosques de manglares; mientras se arrasen bosques para proponer aeropuertos innecesarios; mientras no se oriente y eduque a la población respecto a la necesidad de proteger los acuíferos; mientras en nuestras escuelas y universidades no exista educación ambiental; y mientras haya bocinas en la radio, la televisión y la prensa escrita y digital apologando solapadamente por la destrucción de ambientes fundamentales para nuestros ecosistemas, estaremos todos bajo la línea de pobreza mental, y no sólo material.

La provincia La Altagracia no necesita más aeropuertos. En términos de previsión del agua es necesaria la sistematización de todos sus acuíferos, así como evitar a toda costa su contaminación, pues en dicha provincia sus aguas del presente y del futuro son esas aguas subterráneas, ¡no hay más!

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